Hace bastante rato que tenía ganas de ver la última de Wes Anderson, The Amazing Mr. Fox.

De Anderson he visto prácticamente todo (excepto su ópera prima, Bottle Rocket), y en todas y cada una de sus películas he disfrutado del placer de ver una buena historia. Aún me debato entre si Rushmore o The Life Acquatic with Steve Zissou es su mejor pieza. Pero me estoy desviando del tema.

En esta oportunidad, Anderson rompe un poco su patrón de contar historias escritas por él y sus amigos (dentro de los que se cuentan Owen Wilson y Jason Schwartzman), para adaptar nada menos que un cuento infantil: El Superzorro, de Roald Dahl, el mismo autor de Charlie y la Fábrica de Chocolate. Aprovechando una de las superventas con 40% de descuento de la librería QueLeo, me lo compré con la excusa de regalárselo a mis hijos, pero -era que no- aproveché de leerlo antes.

El libro en sí no es muy distinto de ningún otro libro infantil: una historia simple pero ingeniosa, con un bueno brillante, malos unidimensionales y malos, y un final feliz. Al final, el zorro no es cualquier zorro, es un superzorro, que supera con su astucia a tres granjeros perversos y desalmados. Y listo. Un libro entretenido, que cumple su objetivo a cabalidad: hace que un niño se entretenga leyendo (y en la medida en que un niño encuentre entretenido leer, leerá más. Y si lee más, bueno, ya saben).

Y hasta ahí, todo bien. El punto es que Anderson tomó la historia original, la filmó en stop-motion (nada más lejos de la animación digital) y le puso al superzorro la voz de… George Clooney. Y así, el superzorro ya no sólo es cool sino que además suena cool (prueba de que a Clooney le basta con su sola voz para demostrar por qué es, bueno, Clooney).

Pero Anderson fue aún a más. No sólo demostro que aunque Clooney se vista de zorro, Clooney se queda. También aumentó la complejidad de la historia, simplificó la familia inmediata del zorro eliminando hijos que no aportaban en nada y metiendo a un sobrino que llegó a revolverlo todo involuntariamente. También alargó la historia, le dió más contexto, y la hizo más visual (mal que mal es una película de casi una hora y media). Y agregó a otros personajes secundarios, y secuencias completamente nuevas, fantásticas, y por lo mismo aún más interesantes para un público infantil.

Por otro lado, nada es gratis en esta vida, así que transformó al zorro en uno más de su larga lista de padres altamente competentes en todo lo mundano pero completamente inútiles en lo que dice relación con afectividad y desarrollo padre-hijo. En resumen, una película familiar, interesante, entretenida, pero que -necesariamente- hay que ver en inglés con subtítulos… y no sólo para ver (bueno, escuchar) a Clooney haciendo de zorro, sino también a Meryl Streep y a otros habituales de Anderson (Dafoe, Wilson, Schwartzman, Murray, Gambon) poniéndole voz a los distintos animales.

En un mundo en que la animación está dominada por las imágenes generadas por computador, un poco de talento a la vieja escuela es -extrañamente- refrescante. Una mirada distinta, una historia vieja pero nueva, contada de una manera clásica pero renovada. Todo cambia para que nada cambie. Aunque quizás esta vez si lo hizo: encontré mejor la película.

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